Entrevista con Lama Jigme Lhawang

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Lama Jigme Lhawang

Representante oficial de S. S. Gyalwang Drukpa y del Linaje Drukpa en el continente Americano.

Entrevista con Lama Jigme Lhawang para la Revista Bodhisattva

En primer lugar quisiera agradecer la invitación de los editores de la Revista Bodhisattva y expresar mi gran alegría por contribuir con ella.

En 1995, con 14 años, buscaba un lugar donde pudiera aprender a meditar y un maestro cualificado que pudiera enseñarme. Entonces una revista Bodhisattva llegó a mis manos mágicamente, donde se indicaba la dirección del Centro de Estudios Budistas Bodhisattva, con prácticas de meditación semanal y grupos de estudio de diversas tradiciones como el budismo zen y el budismo tibetano. A través de la información valiosa de sus páginas, las puertas del camino del Dharma se abrieron y los primeros pasos fueron dados.

¿Qué impresiones has tenido sobre la evolución del Dharma en Brasil en esta reciente visita?

En 1995, cuando comencé mis estudios del Dharma en Brasil, sentía un gran anhelo de una luz que iluminara la oscuridad del día a día ordinario. Me recuerdo escuchando enseñanzas que tocaron profundamente mi corazón, aliviando el sufrimiento y reduciendo la insatisfacción surgida por juegos, batallas externas e internas y dudas interminables. Aprendí a sentarme, a acomodar el cuerpo, a silenciar la mente, a recitar oraciones y mantras sin conocer su significado profundo y sin saber exactamente cómo aplicar estos métodos de manera eficaz.
En ese tiempo no tenía mucho acceso a la literatura budista en portugués.
Los maestros, estrellas en el cielo como las que rara vez aparecen durante el día, milagros vivos, viviendo el Dharma que corría por sus venas, fueron capaces de instruirnos y guiarnos en un nuevo camino, un camino no de palabras sino de experiencias profundas, de meditaciones mucho más allá del mero entendimiento intelectual. El amor, la compasión y la profunda experiencia de estos maestros era la verdadera transmisión de estas semillas que Buda reveló hace 2.600 años. Hoy, después de 16 años recorriendo este camino, percibo cómo crecen estas semillas, madurando y ya, en muchos casos, dando frutos y flores hermosas en nuestras tierras.

Poco a poco he ido descubriendo que el Dharma reside en esta transmisión viva de maestro a estudiante, donde estos budas y bodhisattvas siguen presentes, caminando y compartiéndolo con nosotros. Las palabras del Dharma, fluyendo en las venas de estos seres extraordinarios, son simplemente el dedo que apunta a la luna resplandeciente. De esta luna, nuestra naturaleza primordial, emana una brisa luminosa que aporta frescor al calor de nuestras angustias, reflejando como un espejo perfecto la amabilidad y la sabiduría inherentes en nuestro ser.

Sin embargo, el Dharma no termina aquí. El Corazón de Buda, nuestra naturaleza primordial, se expande de manera natural abarcando las búsquedas y las aspiraciones de cada ser. Este Corazón va perfeccionándose, descubriendo nuevos medios, nuevas maneras de aliviar el malestar y la confusión de los seres. Siendo en sí una expresión natural e incesante de la gran danza de la vida, su visión va penetrando e iluminando varias realidades, nuestras diversas burbujas culturales, lingüísticas y áreas de conocimiento. En Brasil y otros países latinoamericanos, ya hay signos del inicio de este desarrollo. A pesar de que parece estar en su etapa embrionaria, donde los maestros están lanzando las semillas, estoy seguro de que van a brotar y crecer en la medida exacta del beneficio que aporten a los seres.

La gran maestra del Linaje Drukpa, Jetsunma Tenzin Palmo, nos indica algunos puntos importantes para el desarrollo del Dharma en América:
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"En el instante en que entendemos que las enseñanzas de Buda nos llevan a percibir las cosas desde fuera de nuestros encasillamientos conceptuales, nos encontramos en un momento especial en nuestro camino espiritual. ¿Cómo aquello que es incondicionado puede ser descrito desde una forma condicionada? El budismo lleva sobreviviendo más de 2.500 años poniéndose a sí mismo en el interior de encasillamientos. Mire, imaginemos un jarrón bonito y precioso. El Dharma de Buda es como un elixir que podemos poner en jarrones diferentes, de oro, de plata, de cobre, de vidrio, etc. En cada contenedor donde lo pongamos, esta esencia de elixir va a tomar la forma del recipiente. Sin embargo, el problema es que al encontrarnos con estos objetos preciosos nos quedamos maravillados con el jarrón, olvidando con frecuencia lo que el recipiente contiene. Hoy en día tenemos diferentes tipos de budismo: budismo tailandés, birmano, chino, japonés, tibetano, etc. Es interesante observar que incluso entre los practicantes de hoy en día, encontramos algunos tratando de proteger a sus jarrones, sin darse cuenta de que lo que realmente hay que proteger es su elixir, la esencia que éste contiene. Mi maestro, S. E. Khamtrul Rinpoche me dijo una vez: 'Usted debe recordar que lo que vemos hoy en la tradición budista tibetana es mitad cultura y mitad Dharma. Usted puede descartar la cultura pero debe tener mucho cuidado de no descartar el precioso y genuino Dharma'".

Yo creo que un posible avance positivo para el budismo en el continente americano, para expandir la bondad y el amor profundos impregnados en esta tradición, sería que cada uno de nosotros reconociera el gran valor de las palabras y los métodos del Buda. Éstos siguen presentes milagrosamente en nuestras vidas y en nuestros países, independientemente de la tradición, del linaje o de los maestros. Alegrémonos y regocijémonos de cada centella de Dharma en medio de la gran oscuridad que invade nuestras mentes confusas, independientemente de su color y forma, entendiendo que cada una de estas centellas surge a partir del encuentro de nuestra verdadera naturaleza de amor con aquello que la oscurece. Regocijémonos desde el fondo de nuestros corazones cuando percibimos su brillo iluminando el corazón de nuestro prójimo, despertando sonrisas, tranquilidad profunda y genuina apreciación. Aspiremos juntos a que cada iniciativa del Dharma en nuestros países pueda ser respaldada y potencializada en cuanto beneficie a los seres, alivie su dolor y revele sus cualidades naturales. Esta expansión no es el trabajo de un ser, de una identidad o de un grupo distinto de los demás. Es el movimiento natural del Buda viviente en nuestros corazones, del profundo y vasto poder del Dharma, de la verdad espiritual que es inseparable de la verdad convencional de nuestras vidas, del despertar de la bondad y del conocimiento que son parte de nuestra propia naturaleza.

¿Cómo será el enfoque del linaje Drukpa entre nosotros, los latinoamericanos? ¿Será tradicional y formal, con iniciaciones, Ngondro, etc., o será algo más parecido a lo que algunos maestros contemporáneos y menos tradicionales hicieron al llegar, por ejemplo, en Europa y en los Estados Unidos?

Venerable Jetsunma Tenzin Palmo, una maestra británica de Linaje Drukpa que permaneció 12 años en retiro en una cueva en el Himalaya, siguiendo las instrucciones de su maestro raíz, Kyabje Khamtrul Rinpoche, apunta a una dirección favorable para la reflexión:

"La llave es la práctica. Pero no hay que ponerla en el altar: toma la llave, abre la puerta y sal de la cárcel. No hay obstáculos."

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Desde el inicio de la Humanidad, los seres han ido creando diferentes puertas para acceder a diferentes experiencias. Cada puerta construida abrió un nuevo universo, nuevas formas de percibir y de vivir la vida. Estas mismas puertas construidas a través de una libertad creativa, proporcionaron nuevos vislumbres de realidad, pero sin darse cuenta de ello, se volvieron prisiones. Poco a poco, en lugar de disfrutar de las distintas puertas de experiencia de la vida, hemos pasado a centrar nuestra atención en sus características: "mi puerta es muy bonita, de madera de cedro con su mango decorado...". A veces, con apego a nuestras puertas, en lugar de dejarlas abiertas creemos que es más placentero cerrarlas para ser deslumbrados por su belleza. Nos olvidamos de que su funcionalidad consiste en llevarnos a otro campo de experiencia, a abrirnos a una nueva perspectiva. Poco a poco nos vamos acostumbrando a nuestras puertas y nos preguntamos cómo las otras personas pueden vivir sin ellas, sin entender qué tienen de especial las puertas de los otros seres. Posteriormente, aprendiendo en el camino del Dharma, creamos una nueva puerta, que a menudo se convierte en la prisión en sí. Usando otra metáfora, nos aferramos al barco, el vehículo que nos transporta, y nos olvidamos de que su función es simplemente la de llevarnos al otro lado, nada más que eso.

El budismo no diría "acabe con las puertas o no construyan más puertas". Buda diría "disfrute de ellas, sin apego, libre de la necesidad de concebirlas como puertas". Para atravesar las puertas, no precisamos ni siquiera nombrarlas o limitarlas, dentro de una concepción individual. Las puertas están libres del valor que nosotros proyectamos en ellas, no son nada más que expresiones de libertad. Sin embargo, ¿dónde nos encontramos en este exacto momento? Estamos en una situación donde creamos las puertas y las cerramos, construyendo así nuestras propias celdas.

Una vez más, Jetsunma Tenzin Palmo expresa de una manera muy hermosa nuestra situación:

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"Es bastante curioso que 'samsara' se haya convertido en el nombre de un perfume. Y así es. Él nos seduce a pensar que todo está bien: 'samsara no es tan malo - ¡qué aroma tan bueno!' La motivación subyacente para ir más allá del samsara es muy rara, incluso para las personas que van a los centros de Dharma. Hay muchas personas que aprenden a meditar, etc., pero con el motivo subyacente de sentirse mejor. Y si acaban por sentirse peor, en lugar de percibirlo como una buena señal, piensan que hay algo equivocado en el Dharma. Siempre tratamos de sentirnos cómodos en la prisión. Pensamos que si pintamos la pared con un tono verde claro y colgamos algunos cuadros, ya no será más una prisión."

Buda y muchos otros maestros, entendiendo la naturaleza de estas puertas y cómo fueron construidas y cerradas, nos enseñan a tomar nuestra llave, algo que ya tenemos, que ya está en nuestras manos (el poder de nuestra mente extraordinaria). Entonces podemos disfrutar de la libertad de abrir la puerta de la misma manera que la cerramos.
Así que, naturalmente, hay diferentes llaves para diferentes puertas y cerraduras. Sería una locura tratar de abrir la puerta de nuestra casa forzando la cerradura con la llave de nuestro coche. Sin embargo, a menudo nos engañamos a nosotros mismos pensando que nuestra llave es la única que puede abrir nuestra puerta. No entendemos que las otras llaves, de diferentes materiales, si estuvieran moldeadas a las características de nuestras cerraduras, podrían funcionar incluso mejor que nuestra llave vieja y oxidada.

En relación a las llaves producidas en la India y en el caso de la tradición tibetana Vajrayana, si miramos más profundamente, vemos que no hay ninguna característica de tradicionalismo o formalidad en los propios métodos. Éstos están vacíos de toda identidad, no tienen ninguna existencia o valor en sí mismos y por sí mismos. Cualquiera que sea nuestra percepción de ellos, tradicional o informal, ésta surge de una lente interna, de una forma de percibirlos que produce sensaciones diferentes en seres diferentes en función de sus predisposiciones mentales y físicas.

En esencia, las diferentes manifestaciones de Dharma son una expresión pura del contacto de la mente libre con las necesidades y las búsquedas de los seres. Sin embargo, el hecho de aferrarnos a nuestras maneras particulares de percibirlas es lo que gradualmente produce el tradicionalismo y el formalismo. Creemos que cierto método es muy formal o tradicional, ya que no podemos percibir que la cárcel de nuestra mirada es el verdadero tradicionalismo y formalismo del que no somos capaces de liberarnos.

¿Dónde está nuestro refugio? ¿En las fragilidades del samsara? ¿Qué nos despierta del sueño de la ignorancia y nos impulsa a caminar a gran velocidad? ¿Qué elementos nos bloquean, nos obstaculizan en el camino? ¿Cuáles nos impulsan en el trayecto de la realización espiritual? ¿Cuáles nos llevan hacia la familiarización con el espejo externo que refleja el camino de descubrimientos internos, revelando el secreto de nuestra propia naturaleza?

Independientemente del nombre que tenga y de lo que nos fue instruido, toda instrucción es un entrenamiento de la mente, sólo depende de cómo la percibamos. Nuestra propia vida y cada instante de experiencia pueden también ser utilizados de esta manera, basta con saber mirar en la dirección correcta.

Estamos siendo empoderados en cada momento de nuestras vidas. Cada instante de conciencia es una iniciación, un empoderamiento espiritual. Sin embargo, mientras no nos demos cuenta de ello, necesitamos que diferentes maestros nos introduzcan a esa verdad de varias maneras, empoderándonos en el camino de realización de esta experiencia. Cuando entendamos mejor los elementos contenidos en el llamado empoderamiento o iniciación del mantrayana secreto del budismo tibetano, una nueva realidad será revelada. Entonces, cada fenómeno, cada sonido, cada forma, nos empoderará con la transmisión de una realidad que trasciende nuestra mente convencional, revelando el tesoro que siempre estuvo presente e incesante. En un empoderamiento tántrico, nuestro gurú nos introduce y nos enseña a mirar la realidad con los ojos de los Cinco Dhyani Budas, de los cuales surgirá una actuación libre y espontánea allí donde estemos. Después tenemos que familiarizarnos paulatinamente con esta forma de experimentar las cosas en su naturaleza vajra, el corazón de todo el método Vajrayana. Esta esencia del mantrayana secreto es descrita por el fundador del linaje Drukpa, Tsangpa Gyare Yeshe Dorje, el primer Gyalwang Drukpa, a través de sus tres mantras feroces:

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"¡Lo que tenga que acontecer, que acontezca!"
"¡Cualquiera que sea la situación, es óptima!"
"¡Realmente no necesito nada!"

Una vez, el gran antecesor del Linaje Drukpa, el yogui realizado Phagmo Drupa, preguntó a su Gurú Raíz, el maestro Gampopa: "Para que podamos practicar en la adquisición de una experiencia real, ¿cuál es la enseñanza oral más profunda? He escuchado a algunas personas decir: 'si la visión de shunyata (vacío, vacuidad) no es realizada, no hay ningún beneficio.' Escuché a otros decir: 'la meditación con yidam (deidad de meditación) es realmente la práctica más profunda.' Oí también al Gurú Milarepa decir que la meditación de pranayama de Tumo es la práctica más profunda."

A esta pregunta sincera de su discípulo, el maestro Gampopa respondió: "El Dharma por el cual una persona desarrolla su convicción, éste es el más profundo para esa persona en particular. Sin embargo, si te entregas con devoción a tu maestro y entrenas tu mente en la Bodhichitta, ambos beneficios para ti mismo y para los demás se realizarán de forma simultánea. Esta es la instrucción más profunda".

Básicamente, ¿qué quiere decir Gampopa a Phagmo Drupa con su respuesta? Una forma de responder sería que no existe un método mejor o peor que otros, sino aquél que se adapta mejor a las características de cada uno. Aquel método que funciona mejor individualmente, éste es el mejor para cada uno de nosotros en particular. Sin embargo, ¿cómo sabemos qué es lo mejor para con nuestras características cuando todavía estamos ciegos? A través de la revelación de la conexión con nuestro maestro y el posterior examen de sus capacidades, su formación, su amabilidad y su conocimiento experimental, entonces llevamos a cabo el entrenamiento que nos ofrece. Ponemos a prueba sus palabras a partir de nuestra experimentación. Experimentamos su sabor y evaluamos a partir de nuestra propia experiencia para comprobar si los resultados positivos están surgiendo.

La función de los métodos no es satisfacer nuestras expectativas y miedos, nuestros gustos y disgustos, sino más bien entrenar nuestra mente para soltar aquello a lo que estamos aferrados. Su función es debilitar la prisión de nuestras evaluaciones, juicios, etiquetas y del sueño producido por nuestra mente conceptual. A medida que vamos soltando, nos vamos abriendo. Nuestros corazones se van expandiendo, mirando hacia afuera, más allá de nuestro propio ombligo. Vamos entendiendo a los otros en sus propios contextos y, al mismo tiempo, nos entendemos a nosotros mismos en nuestra situación particular. De esta comprensión surge la compasión y de esta experiencia surge el movimiento natural de amor, que se expresa como bondad en acción dirigida hacia los seres. Esto es Bodhichitta. A esto se refiere Gampopa cuando dice que los beneficios de sí mismo y de los otros serán realizados.

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Cualquier método que nos ayude a avanzar en este camino descrito en los párrafos anteriores va a estar impregnado de un potencial verdadero, capaz de despertarnos de este sueño profundo y de liberarnos de la prisión de la mente dual.

¿Existen grandes diferencias entre el budismo practicado en Oriente con el de Occidente? En caso afirmativo, ¿cuáles son?

El Dharma que nos llega hoy en Occidente es la traducción del Dharma que surgió en Oriente. Es decir, estamos recibiendo las palabras, la visión y los métodos enseñados por Buda y por grandes maestros posteriores que han sido traducidos a nuestro idioma, nuestra cultura y nuestra realidad actual. En este nivel, no veo mucha diferencia. Sin embargo, un elemento muy visible y poco presente en Occidente, pero impregnado en el corazón de los orientales, es lo que llamamos certeza, confianza, convicción, fe. Nosotros escuchamos las instrucciones, pero es muy raro que salgamos aplicándolas inmediatamente con total confianza, vigor y perseverancia. ¿Qué nos obstaculiza? Cuando necesitamos comprar alimentos o agua, ¿qué nos hace a menudo parar todo lo que estamos haciendo, para ir andando o tomar el coche y dirigirnos al supermercado? Hay una certeza de que el agua saciará nuestra sed, de que los alimentos van a satisfacer nuestra hambre. Esta certeza y esta confianza hacen que nos movamos, nos impulsan a dar los primeros pasos, a caminar. Si nuestra práctica espiritual no está andando como nos gustaría, tal vez sería beneficioso examinar si la convicción acerca de nuestra naturaleza esencial y la eficacia del camino y sus resultados están verdaderamente presentes. Si no estuvieran, sería interesante trabajar en la dirección de hacer que esta comprensión sea cada vez más clara, viva y obvia dentro de nuestros corazones, proporcionando un espacio para ver si eso provoca algún cambio en nuestra práctica.

¿Cómo ve el surgimiento de esta nueva generación de maestros que dejan en un segundo plano el formalismo religioso?

Cada elemento de la tela de la vida, cada aspecto, nace fundado en una red interdependiente y viva, en movimiento. Este grande organismo vivo se va ampliando y renovando a partir de la vibración de cada punto particular de su red. Nuestros pensamientos hacen emanar vibraciones que se transmiten de punto a punto a través de toda la red. Nuestras aspiraciones y deseos profundos se difunden y se inter-conectan. La esencia vital de esta gran red de la vida es su capacidad para crear, transformar, llenar y acoger. A partir de este centro vital, diferentes emanaciones surgen como expresiones de esta naturaleza, de esta esencia. Sus manifestaciones aparecen en conexión directa con otros puntos de la red, como una demostración de la danza de la creación, transformación, cumplimiento y acogimiento de lo que es su naturaleza. Sus aspectos diferentes y diversas manifestaciones son expresiones de la bondad y grandeza de nuestra naturaleza primordial, la esencia divina de este vasto organismo.

¿Cómo es ser un lama brasileño en Oriente? ¿Hay alguna diferencia?

Esta pregunta me lleva a una reflexión importante. Si miramos profundamente y sinceramente en nuestros corazones, la sensación de tener una diferencia, aunque sea sutilmente, está apuntando a la presencia de una identidad, una noción de "yo", de "otro", de contexto, de situaciones favorables y desfavorables. Cuando usamos la palabra lama, debemos tener un poco de cuidado. El lama no puede ser brasileño o tibetano, de ojos rasgados oscuros o redondos y de color verde. Este no es el lama. S. S. Gyalwang Drukpa, en una instrucción sobre Gurú Yoga dijo una vez: "Si piensan que están haciendo Lama Naldjor (Gurú Yoga) con este ser sentado en este trono, si piensan que el lama es esta persona en carne y hueso, gordo, flaco, elegante o poco elegante, estás yendo en una dirección contraria a la práctica espiritual. Si hacen así, rápidamente les gustará o no les gustará la forma del lama, de la manera cómo habla, de cómo hace las cosas. El apego, el deseo, la envidia, el odio, etc. y así sucesivamente, ésta será su práctica de Gurú Yoga. El lama es su verdadera naturaleza. Los lamas externos sólo son símbolos, espejos que reflejan el verdadero lama dentro de ustedes, son sueños creados dentro de su sueño para despertarlos, no tienen realidad en sí mismos, ninguna identidad que los distingue de las otras cosas y personas."

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Sin embargo, como practicante espiritual y siguiendo el camino de las instrucciones de mis maestros de conexión, siento una corriente continua de bendiciones y de bienaventuranza. De esta manera, puedo sentirme próximo a estos verdaderos ejemplos vivos de bondad, amor y sabiduría, aquí en Oriente. También me regocijo al percibir que esta misma fortuna y lluvia de bendiciones toca profundamente los corazones de la gente en Occidente, cuando se encuentran muy próximos a sus maestros de conexión, en su propio país, en su propia ciudad, a menudo son vecinos dentro de la misma comunidad. Un milagro raro, repleto de potencial para iluminar nuestras vidas y dar calor a nuestros corazones.

¿Qué piensa, Lama, sobre la cuestión de las prácticas preliminares formales del Ngondro y cómo pueden funcionar entre los estudiantes occidentales?

Entenderlas como entrenamiento de la mente es la clave. No como un fin en sí mismo, no como una acumulación a ser completada, sino como una oportunidad para nacer de nuevo, con una nueva mirada, con una nueva perspectiva de la realidad. En cada invocación, cada oración, cada mantra, estamos dando espacio a este nacimiento, estamos naciendo como Bodhisattvas, como Yoguis, como Budas. Estamos familiarizándonos con el espacio creativo de nuestra naturaleza, con su capacidad de enfoque y de realización natural. Estamos cultivando estas semillas, familiarizándonos con nuestra propia naturaleza, que es nuestro verdadero refugio: la Bodhichitta, la mente del Buda. Esta es Vajrasattva, la naturaleza vajra (como un diamante) de nuestro ser, presente en el mandala de la naturaleza de los fenómenos. Esta naturaleza es revelada a través de nuestra visión pura, inseparable del reposo revitalizador en el corazón de nuestro gurú interno y secreto. A través de estas prácticas, a medida que nuestro ego se va debilitando, el cielo se va abriendo para mostrar todo el campo del espacio de la manifestación, libre y sin obstáculos. El camino espiritual no consiste en la complejidad de avanzar frenéticamente para lograr algo, sino en dar pasos hacia atrás, en dirección hacia el reconocimiento de la esencia de Buda que ya está presente y que nos lleva a dar un salto a la verdadera libertad.

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S. S. Gyalwang Drukpa dice que mucha gente está preocupada por completar el número de acumulaciones que se les dio, sea cien mil, un millón o diez millones, pero poco atentas al propósito de tales acumulaciones, que consiste en transformar la manera en que vemos y experimentamos el mundo y a nosotros mismos. Él dice que el Ngondro debe llevarse a cabo como un entrenamiento de la mente, una forma de fortalecer nuestro refugio y nuestra motivación altruista, un método extraordinario de purificación de cuerpo, palabra y mente y de unión rápida con la mente y la realización de nuestros propios maestros. Sin embargo, si no estamos bien enfocados en nuestra práctica, en reflexionar, meditar y estabilizar cada palabra, cada aspiración y cada visión contenida en nuestra sadhana (texto de práctica espiritual), volveremos a nuestro maestro después de haber completado nuestra acumulación sin ningún signo de progreso. Como respuesta, él nos dará las instrucciones de nuevo y nos aconsejará entrenar nuestras mentes en la misma práctica o en una práctica diferente, que se adapte mejor a nuestras características y dificultades, hasta que la realicemos. El punto central es transformar nuestra manera de ver y experimentar. El entrenamiento termina o culmina cuando nos despertamos completamente, cuando la iluminación florece, dice S. S. Gyalwang Drukpa.

Todos los métodos enseñados por Buda están presentes e incluidos dentro de esta práctica, así como todas las enseñanzas de Buda que tratan sobre la disciplina (shila, sánscrito), absorción meditativa (samadhi, sánscrito) y discernimiento (prajnya, sánscrito) están impregnadas en la esencia de Ngondro. El camino completo, de principio a fin, está contenido en el Ngondro, una síntesis extraordinaria de las 84.000 enseñanzas del Buda, surgida en el contexto tibetano. Tal vez lo que nos obstaculice sea la ausencia de una comprensión más profunda, no de las características del dedo (método) en sí, sino hacia donde ese dedo está apuntando. Cada vez que nos demos la oportunidad de mirar hacia la dirección donde está apuntando, estaremos despertando gradualmente.

"El budismo no es una religión. Por lo tanto, todas las disciplinas y métodos que Buda enseñó no deben ser entendidos como mandamientos. En su lugar, deben ser comprendidos como un puente o un remedio que es necesario durante un cierto período y para una cierta situación o enfermedad. El fin último de cualquiera que sea el Dharma es perforar el velo de la mente conceptual", nos enseña S. E. Khamtrul Rinpoche.

¿Cuál es la clave para vivir la relación maestro-discípulo, de manera que podamos avanzar más rápido en la práctica?

No hay que confundir el maestro con nuestras proyecciones mentales. Mire a su maestro como un espejo que refleja y revela lo que precisa ser trabajado, soltado, apretado, nutrido, debilitado y expandido. La función del maestro es proporcionar la posibilidad de mirar dentro de nosotros, no hacia afuera, donde se encuentran nuestras proyecciones habituales y hábitos mentales. Pedimos a nuestros maestros que nos ayuden a despertar, no a potenciar y llenar nuestras carencias, expectativas y temores. Los contratamos para ayudarnos a destruir aquello que nos obstruye a este despertar - nuestro propio egocentrismo y el aferramiento a las concepciones limitadas de nuestra mente conceptual. Un condimento adicional e importante en el desarrollo gradual de esta relación es una sensatez profunda y conectada a una bondad genuina, a un amor y alegría incondicionales compartidas.

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S. E. Khamtrul Rinpoché explica que "a veces ponemos excusas respecto a la ausencia de progreso, esfuerzo y apreciación en nuestra práctica del Dharma, como la tan mencionada 'tiempos de degeneración del Dharma', la Sangha o la comunidad espiritual, nuestro maestro, la falta de tiempo para las prácticas formales y así sucesivamente. Sin embargo, la verdadera práctica del Dharma sucede cuando conseguimos percibir el Dharma o a nuestro maestro como un espejo que nos refleja a nosotros mismos, donde podemos ver las cosas que precisamos mejorar. Sin este tipo de reflexión, no seremos capaces de progresar aunque estuviéramos rodeados las 24 horas del día, siete días a la semana, por los perfectos Budas y los maestros iluminados."

¿Qué supone ser un bodhisattva hoy, en los tiempos posmodernos de mucha tecnología, información, remedios psiquiátricos, crisis económicas, etc.?

Desde Buda Shakyamuni, el gran pandita y Mahasida indio Nagarjuna, Acharya Asanga, el Mahasida Naropa, Gurú Padmasambhava y así sucesivamente hasta los maestros de hoy, dicen que no hay vacuidad (shunyata, sánscrito) separada de los fenómenos y que no hay fenómenos que estén disociados de la vacuidad. Reconocer la vacuidad es realizar la interdependencia de todos los fenómenos. Realizar la interdependencia es acceder directamente a la vacuidad. Todo está en constante unión, no hay una verdad absoluta separada de nuestra realidad relativa.
Hay dos palabras muy importantes en el idioma tibetano dzinpa y shenpa. Dzinpa significa esencialmente "aferrarse" a algo o "aprehender" algo y una manera de traducir shenpa sería "adherirse", "prenderse" o "fijarse" a algo. Como el gran MahasidaTilopa dijo a su discípulo Naropa:

"Hijo, no son las apariencias las que te atrapan,
es tu fijación quien te aprisiona.
Corta tu fijación, ¡Oh, Naropa! "

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A cada momento que profundizamos en esta experiencia, allá donde estemos, ya sea en casa con la familia, en el trabajo o en retiro espiritual, aprovechemos la oportunidad de acceder y familiarizarnos con esta realidad, de cultivar el sabor de esta experiencia. Nunca hubo, no hay y nunca habrá el nacimiento de un Bodhisattva en ausencia de esta profundización gradual en un-sólo-sabor de cada experiencia. Tampoco lo habrá sin el reconocimiento de que samsara y nirvana son etiquetas adicionales, proyectadas por nuestra mente dual sobre lo que no puede ser descrito, explicado o concebido. Esto supone entender, progresivamente, que el resultado está contenido en el propio caminar, en cada instante, y no distante en un punto situado más adelante. Distancia y proximidad son proyecciones irreales de nuestra mente conceptual. Debilitar este engaño es el camino del Bodhisattva que trasciende el espacio, el tiempo, el nombre, la forma, la etnia, la cultura y que ensancha nuestro corazón. Toda la crisis externa o interna está directamente vinculada al hecho de creer y aferrarse a este engaño.

Para saber si vamos por buen camino, si nuestra práctica está funcionando, S. S. Gyalwang Drukpa nos aconseja examinar si en nosotros "está surgiendo una tendencia a dejar que las cosas acontezcan en lugar de emprender un gran esfuerzo para que sucedan." Nos dice que al posicionarnos en nuestro corazón, percibimos el universo, nuestros cuerpos y nuestras mentes moviéndose naturalmente, sin esfuerzo. Percibe, dice él, si una leve sonrisa dotada de un mirar profundo y comprensivo está manifestándose espontáneamente; si frescura y ligereza impregnan y se expanden por el medio donde vives, tocando a todos los que se encuentran contigo; si la sensación de estar completamente interconectado con todos y con todo está presente; si surgen episodios frecuentes de una apreciación profunda y tocante por las cosas, personas y circunstancias; si hay una tendencia a pensar y actuar de manera espontánea y natural en lugar de actuar a partir de miedos fundados en experiencias pasadas o expectativas para el futuro; si una habilidad de disfrutar cada momento como un surgimiento milagroso se está apoderando de tu vida; si una pérdida de interés en interpretar y juzgar las acciones de los demás, entendiéndolos a partir de sus propios contextos y puntos de vista, forma parte de nuestro día a día; si la percepción de lo que vemos en el otro comienza a revelar nuestras propias lentes internas (quienes solidifican y cristalizan lo que no puede ser cristalizado, que por naturaleza no es sólido ni fijo), si esto se está fusionando con nuestra práctica espiritual; si un amor y bienestar incondicionales fundados en la paz, el acogimiento, la aceptación, la comprensión y la apertura del corazón está siendo vividos como nuestra verdadera morada espiritual, todo esto es una señal de que nuestra práctica está funcionando.

Por último, en este pasaje tan rápido por este planeta, en este cuerpo y mente extraordinarios, podamos aprovechar esta oportunidad rara para disfrutar de nuestra capacidad natural para ampliar y difundir amor, tocando a todos los que nos oigan, nos vean o se acuerden de nosotros. Al entender nuestros propios corazones, comenzamos a comprender también el corazón de nuestro prójimo, sus búsquedas, sus miedos, sus expectativas, así como su buen corazón. Esencialmente, si todas nuestras acciones de cuerpo, palabra y mente están impregnadas de esto, no hay nada que temer. La oscuridad será substituida de forma natural por el amanecer de la iluminación.

Para más información visite la web:
www.drukpabrasil.org

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